Guiso de garbanzos y merluza al azafrán estilo pub británico

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Guiso de garbanzos y merluza al azafrán estilo pub británico

En nuestra casa los guisos de cuchara son el abrazo que se da la olla al fuego lento: primero te envuelve el aroma, luego el sabor y, por último, el calor que se queda dentro durante horas. Cuando descubrimos esta receta de Tom Kerridge —ese mastodonte de dos estrellas que cocina en un pub de Buckinghamshire— sentimos que alguien había puesto en palabras (y en una sola cazuela) todo lo que nos gusta de la cocina de invierno: legumbres que han cedido al tiempo, pescado blanco que se deshace en el punto justo y ese fondo ahumado que solo consiguen el chorizo y la pimienta de la Vera. El truco de curar la merluza con sal gorda y azafrán antes de pocharla nos pareció tan sencillo como brillante: la sal extrae la humedad superficial y el azafrán se adhiere a los filamentos musculares dejando un perfume dorado que se intensifica al contacto con el caldo. Nosotros, que somos de los que dejamos los garbanjos en remojo la noche anterior sin falta —porque no hay atajo que supere la textura cremosa de un legumbre cocido con paciencia—, hallamos en este plato la excusa perfecta para encender el horno un domingo lluvioso y olvidarnos del reloj durante tres cuartos de hora.

Lo que más nos atrapa del guiso es cómo se van mezclando los mundos: el azafrán, que en nuestra cocina mediterránea suele estar reservado para arroces, aquí se codea con el comino y la canela en una suerte de «ras-el-hanout» de pub inglés; los chorizos de cantimpalo —nosotros optamos por unos de León, más grassos y con pimentón de óxido— sueltan su paprika en el sofrito hasta teñir de rojo oscuro la mirepoix de cebolla y ajo; y el tomate triturado, que añadimos en el último tercio para que no pierda su acidez, se convierte en el lienzo donde despunta la merluza curada. Cuando por fin abres la tapadera, el aroma es una melodía en dos tiempos: el primero, profundo y carnoso, de guiso que ha rendido sus huesos; el segundo, marino y ligeramente iodado, que te avisa de que el pescado está en su punto justo. Servimos en platos hondos, con un puñado de espinacas que se marchitan con el propio calor, y un chorrito de aceite de oliva virgen extra para remarcar la cremosidad del conjunto. Si sois de los que compartís mesa con invitados, avisad: este plato manda callar a todo el mundo durante los primeros minutos; el silencio es el mejor de los cumplidos.

Preparación 30 min
Cocción 165 min
Total 195 min
4

Ingredientes

  • 150 g garbanzos secos
  • 60 g sal gorda
  • 1 g azafrán
  • 700 g filete de abadejo
  • 60 ml aceite de oliva virgen extra
  • 2 cebollas
  • 2 dientes de ajo
  • 2 chiles rojos
  • 4 chorizos para cocinar
  • 5 g comino molido
  • 5 g pimentón ahumado
  • 2 hojas de laurel
  • 1 rama de canela
  • 200 ml caldo de pollo
  • 400 g tomates triturados de lata
  • 200 g espinacas frescas

Preparación

  1. Extended los 150 g de garbanzos en un bol ancho y cubridlos generosamente con agua fría; deben flotar libresmente sin amontonarse. Dejadlos en remojo toda la noche en la parte baja de la nevera: la pulpa se hidrata poco a poco y la piel se ablanda sin que germine ningún olor extraño. A la mañana siguiente notaréis que han doblado volumen y que la piel está tensa y brillante, lista para cocerse.
  2. Escurríos los garbanzos, pasadlos a una cazuela honda y cubridlos con agua mineral fría hasta dos dedos por encima. Llevad a ebullición suave, espumad la espuma blanquecina que surge la primera media hora y mantened un hervor pausado durante 2 h. El agua se volverá lechosa y los garbanzos empezarán a deshacerse por fuera mientras permanecen enteros por dentro: esa cremosidad es la que buscamos para el guiso.
  3. Mientras cuecen los garbanzos, preparad la cura para el pescado: en un mortero machacad 1 g de hebras de azafrán con 30 g de sal gorda hasta obtener un polvo fino y brillante. Añadid los 30 g restantes de sal y mezclad con las yemas de los dedos para que el azafrán se distribuya por igual. El aroma será terroso y floral, con un fondo de miel seca que promete dorar la carne.
  4. Secad el filete de abadejo con papel absorbente, colocadlo sobre una bandeja y espolvoread por ambos lados la mezcla de sal y azafrán. Presionad suavemente para que se adhiera; la carne tomará un color ambar claro en seguida. Cubrid con film y dejad curar en la nevera entre 90 y 120 min: la sal extrae la humedad superficial y el azafrán penetra en los músculos, concentrando el sabor y mejorando la textura.
  5. Pasado el tiempo de cura, enjuagad el filete bajo el grifo con agua fría para retirar el exceso de sal, secadlo de nuevo y reservadlo en la parte más fría de la nevera. Ahora preparad el sofrito: calentad 60 ml de aceite de oliva virgen extra en una cazuela de barro de 24 cm a fuego medio-bajo. Cuando el aceite ondúle suavemente, añadid las dos cebollas finamente picadas y dejad que suden lentamente durante 6 min, removiendo con espátula de madera hasta que estén traslúcidas y dulces.
  6. Incorporad los dos ajos rallados y los dos chiles rojos picados con semillas; el ajo despedirá un aroma intenso y los chiles aportarán un picor vibrante que se eleva en el vapor. Seguid sofriendo 2 min más, hasta que el ajo empiece a dorarse apenas y el aceite se tiña de rojo anaranjado. El fondo de la cazuela quedará perfumado y ligeramente pegajoso, listo para recibir la grasa del chorizo.
  7. Cortad los 4 chorizos en rodajas de 1 cm y añadidlas al sofrito. Subid un punto el fuego y dejad que el chorizo desprenda su paprika y su grasa naranja durante 5 min, removiendo de vez en cuando. El aceite virará a un rojo intenso y la cebolla absorberá ese sabor ahumado; los bordes de las rodajas se caramelizarán ligeramente, aportando notas tostadas que enriquecerán el guiso.
  8. Añadid 5 g de comino molido, 5 g de pimentón ahumado, 2 hojas de laurel y la rama de canela. Mezclad bien y tostad las especias 3 min, removiendo constantemente para que no se quemen. El aroma será profundo y cálido, con un fondo de roble dulce que se eleva en espirales por la cocina; el pimentón despedirá un perfume de barrica y el comino aportará un toque cítrico que equilibra la grasa.
  9. Incorporad los garbanzos escurridos, 200 ml de caldo de pollo y 400 g de tomates triturados. Removed con cuchara de palo para despegar el fondo de la cazuela y mezclad hasta que el líquido cubra los garbanzos por dos tercios. Llevad a ebullición suave, tapad y transferid al horno precalentado a 170 °C durante 45 min: el caldo se concentrará y los garbanzos absorberán el sabor del chorizo y las especias.
  10. Tras 45 min, el guiso estará espeso y los garbanzos cremosos. Sacad la cazuela del horno, colocad el filete de abadejo curado encima, ligeramente sumergido pero sin cubrirlo del todo, y regad con una cucharada de caldo por encima. Devolved al horno 12-15 min más: el pescado debe cuajar hasta que las fibras se tornen opacas y se deshagan al apretar con la lengua contra el paladar.
  11. Mientras el pescado termina, disponed 200 g de espinacas frescas en un colador y sumergidlas 30 s en agua hirviendo con sal. Escurrid inmediatamente y refrescad con agua fría para fijar el color verde intenso. Escurrid bien y reservad. Cuando el pescado esté listo, retirad la cazuela del horno, incorporad las espinas al guiso y dejad que se marinen 2 min con el calor residual: se marchitarán apenas y aportarán frescor.
  12. Servid en platos hondos bien calientes, colocando primero un lecho de garbanzos rojos y espesos, luego un trozo de abadejo que se deshace en láminas perfumadas de azafrán, y finalmente un hilo de aceite de oliva virgen extra para realzar la cremosidad. El contraste entre la suavidad del pescado y la textura mantecosa de los garbanzos, con el punto picante del chorizo y el aroma cálido de canela y comino, convierte cada cucharada en un abrazo de pub británico con alma mediterránea.

Consejos

  • Si los garbanjos siguen duros tras 2 h, añade 1 g de bicarbonato y cuece 15 min más; la alcalinidad ablanda la piel sin deshacer el interior.
  • Evita curar el pescado más de 2 h o quedará salado; si pasa, enjuágalo con leche fría para extraer la sal sin perder el azafrán.
  • Si el guiso se seca en el horno, añade 100 ml de caldo caliente y tapa con papel de aluminio; el vapor rehidrata sin diluir el sabor.

Información Nutricional (por ración aprox.)

NutrienteCantidad
Calorías612 kcal
Proteínas48 g
Carbohidratos42 g
Grasas26 g